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Pueblos

Artà – Pueblos de Mallorca
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Situada en el extremo nororiental de la isla de Mallorca, a 60 Km de la ciudad de Palma, el municipio de Artà tiene una extensión de 140 Km2, de los cuales más de la mitad están ocupados por la sierra Artana, el macizo más alto y compacto de las sierras de Levante. Las máximas elevaciones corresponden a la atalaya Freda (561 m) y al monte Ferrutx (519 m).

El municipio de Artà

Artà

Población

La población de Artà es de mas de 6.000 habitantes, que se reparten entre los pueblos de Artà, la Colonia de Sant Pere y las urbanizaciones de Betlem y s’Estanyol, si bien en estos últimos años ha aumentado considerablemente la población que habita dispersa en casas de las afueras.

El paisaje: La costa

La costa de Artà, con 25 Km de longitud, todavía conserva su estado natural y ha quedado preservada de las urbanizaciones. Destacan la playa y la formación dunar de Sa Canova, la llanura costera de la Colonia de Sant Pere, los altos acantilados del cabo de Ferrutx, refugio de algunas de las especies más raras de la flora y fauna isleñas, como la Peonia cambessedessi, el águila pescadora o el halcón peregrino, y, finalmente, toda una serie de pequeñas calas con playas de arena que van desde s’Arenalet de Albarca hasta cala Torta.

El paisaje: El valle

El paisaje del valle, donde aœn pueden observarse extensiones aisladas de encinar, se caracteriza por pequeñas parcelas cerradas de pared seca donde predominan los cultivos de almendros, higueras y algarrobos.


El paisaje: La montaña

En la montaña domina el cultivo del olivo, hoy casi abandonado, que aprovechaba las pendientes gracias a la construcción de márgenes de pared seca. La vegetación natural presenta grandes extensiones de carrizo, con la silueta de los palmitos que marca la personalidad de la zona, y garrigas con abundancia de matas, oleastro y claros de pinares. Este paisaje de la montaña de Artà se ve complementado por nobles edificos de las antiguas possessions, símbolos indiscutibles de la importancia que, tiempo atrás, tuvieron las actividades agrarias.

El pueblo de Artà

En el centro de un amplio y extenso valle y al pie de una colina se extiende el pueblo de Artà, dominado por el recinto amurallado de Sant Salvador y por la iglesia de estilo gótico. Unos 5.500 habitantes constituyen la población. Destaca el nœcleo antiguo, dominado por las residencias y casas de los antiguos señores de las possessions, las grandes fincas del término municipal. De otro modo, el hecho de que el municipio no haya recibido el impacto turístico ha permitido mantener casi intactas las antiguas tradiciones (fiestas como las de Sant Antoni, con los demonios y las hogueras; artesanías como los bordados mallorquines y la obra de palma; comidas típicas como las empanadas, los robiols o la sobrasada) y han contribuido a preservar el ambiente característico de pueblo mediterráneo, hospitalario y vital.

El pueblo de la Colònia de Sant Pere

El resto de habitantes del municipio viven en el nœcleo costero de la Colònia de Sant Pere, que ha crecido de forma moderada a partir de lo que fue una colonia de repoblamiento de finales del siglo XIX, y hoy es una tranquila zona residencial, situada entre las montañas y el mar y rodeada de cultivos de viñas y almendros.

Historia

Artà

Los restos aqueológicos muestran como la ocupación humana de la comarca de Artà empieza en el periodo pretalayótico, aunque la mayoría de los yacimientos que hoy podemos observar corresponden al megalitismo talayótico (poblado de Ses Païsses, talayot de Sa Canova…). Sin duda la dominación romana dejó también su huella y, durante la época musulmana, la península de Artà (Yartan) era uno de los trece distritos en los que se dividía la isla de Mallorca. Este distrito incluía también los actuales términos de Capdepera y Son Servera.

La fundación de la villa está vinculada a la llegada de los monjes premonstratenses que, a raíz de la conquista catalana, fundaron el priorato de Santa Maria de Bellpuig. Hasta el siglo XV, la villa se denominaba Almudaina y el nombre de Artà designaba todo el distrito territorial.

Entre los siglos XVI y XVIII la población aumentó considerablemente. Las actividades agrícolas eran predominantes, aunque también se desarrolló una considerable actividad textil. En 1820 el pueblo de Artà sufrió los estragos ocasionados por la peste bubónica, que causó más de 1.200 víctimas. En el siglo XIX tuvo lugar la segregación de Capdepera y Son Servera. Entonces el término de Artà presentaba todavía una estructura agraria latifundista en la que los grandes terratenientes poseían buena parte de las tierras del municipio. Al final de esta centuria adquirió importancia la obra de palma, que empleaba sobre todo mano de obra femenina y reportaba un complemento indispensable para la subsistencia de numerosas familias payesas.

En 1880 la parcelación de las tierras de la zona noroccidental de la dehesa de Ferrutx dio lugar a la aparición del nœcleo costero denominado la Colònia de Sant Pere. Se trataba de una colonia agrícola que, a lo largo del siglo XX, ha adquirido una funcionalidad turística sin perder su personalidad tradicional.

En 1912 se inauguró una línea de ferrocarril que unía Artà con Manacor y a partir de los años sesenta la economía del municipio se diversificó debido a la expansión turística.

Fiestas y tradiciones

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La celebración del calendario festivo de Artà es una de las pruebas más contundentes del sentimiento de “pueblo” que tienen sus habitantes. La participación activa en todas las fiestas principales, siempre respetando la tradición, es un rasgo que todavía las confiere más esplendor y las caracteriza.

Las fiestas de Sant Antoni Abad, a mediados del mes de enero, son especialmente emblemáticas. L’Obreria de Sant Antoni, compuesta por dos representantes del pueblo y de uno de la iglesia, tiene encargada la misión de mantener la secuencia de la celebración segœn un viejo protocolo. El día 16 de enero, a las ocho de la mañana, se inicia la merienda, a base de chocolate y ensaimadas en casa de l’obrer. Después, con los músicos, que ya han degustado el moscatel y el mesclat, inician un pasacalles por todo el pueblo acompañados de la emblemática y celebrada pareja de demonios, símbolos de la maldad y la tentación humanas. Por la tarde, en completas, se leen fragmentos de la vida del santo y se cantan las canciones propias de la fiesta. Por la noche, rodeados por las hogueras que se disponen en toda la villa, se reunen cantadores y cantadoras que deleitan a la concurrencia con canciones populares (gloses), muchas con un claro contenido erótico y escatológico, amparados en la impunidad que confiere una velada en la que todo esá permitido dentro de los márgenes que dicta la propia fiesta: todo está bién visto esta noche de fuegos y demonios. Al día siguiente, 17 de enero, se celebra la cabalgata con las preceptivas y tradicionales bendecidas de animales domésticos y liberación de caballos, siempre acompañados de la imágen de un paciente Sant Antoni, sobre un asno, acosado por los demonios. Al final de la fiesta, después del oficio, se lee el argumento, composición recitada, eleborada por un glosador, que resume, en forma de glosa, los principales acontecimientos del año que acaba de concluir.

Antes de la Cuaresma son de obligada mención las fiestas de els darrers dies o Carnestoltes, con actos centrados sobre todo el jueves y el martes antes del miércoles de ceniza, en los que es tradición que la gente se disfrace y recorra el pueblo cantando canciones grotescas al son de la zambomba.

Por Semana Santa destacan las procesiones del jueves y el viernes santos, con pasos religiosos y numerosos carepunats (penitentes con capucha). También es espectacular el acto sacramental del Davallametn del Crist al santuario de Sant Salvador, que concluye el viernes santo en una suntuosa oricesión hasta la iglesia parroquial.

Son populares también las fiestas de Sant Antoni de Pàdua, también conocido como el de los albaricoques, el 13 de junio, en las que se pueden contemplar las evoluciones de los caballitos y la dama al son de la música: niños vestidos de manera peculiar, con ropas de colorines, que interpretan danzas muy antiguas conocidas con nombres muy curiosos: baile de la carrossa, baile dels Indis, ball dels Nans… Hay dos caballitos rojos y dos negros, y el caballo de la dama es blanco.

En el núcleo costero de la Colònia de Sant Pere son remarcables las fiestas en honor de su patrón, que inician de alguna manera las actividades lúdicasy de esparcimiento propias del verano.

Ya de lleno verano, también son muy participativas y populares las fiestas patronales de Sant Salvador, la primera semana de agosto, con un programa de actos, amplio, variado y popular. Destacan por la masiva participación e implicación de la gente del pueblo y de los visitantes. Una semana intensa de fiestas y actos lúdicos y culturales.

Más fotos

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Comentarios (1 Comentario)

  • Harry Massanet Pastrana 02.03.2015 a las 6:17 pm

    deseo contactar algun Massanet de Arta mi Abuelo nacio alla. Vivo en Puerto Rico

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